No hay más que decir, Colombia es un país lleno de magia natural. Cada paso que doy viajando por sus misterios me convence del lugar maravilloso que es y conocer el océano pacífico fue otra muestra de ello.

Cada vez que empiezo una nota en la que quiero contarles cómo llegué a algún lugar de Colombia, me da cierta melancolía porque siempre quisiera estar contándoles que me quedé a vivir allí. Seguro algún día empezaré con esa buena noticia, pero hoy nuevamente les escribo desde mi natal Bogotá. Ciudad donde empecé hace unas semanas este viaje que me llevó a conocer el hermoso océano Pacífico colombiano. Empecemos:

Primera parada: Cali

«La Sultana del Valle» como llaman a la bella ciudad de Cali es la puerta al Pacífico colombiano. No es la única claro que no, esta región comprende cinco departamentos costeros, pero sin duda salir del terminal de Cali será la mejor opción para llegar sin contratiempos a Buenaventura, la siguiente parada de este viaje.

Pacífico

Hasta ese momento, si tu origen es Bogotá u otra ciudad de Colombia, has debido tomar avión o bus hasta Cali; si tomaste un bus seguramente hayan tenido que ser varias horas, en ese caso te recomiendo pasar una o dos noches en Cali, pero si tomaste un avión sigue derecho para Buenaventura.

En el terminal de Cali, encontrarás empresas que ofrecen el servicio de transporte en bus cuyo precio puede estar entre los $25.000 y $27.000, pero también hay una opción de minivan que puede costar entre $30.000 y $33.000. Esta última fue la que tomé porque en realidad no es mucha la diferencia de precio comparado con el bus, y el traslado es mucho más cómodo y rápido. Pregunta por estas opciones en el terminal, aquí les dejo una foto que tomó mi amigo Ricardo para que se guíen:

Segunda parada: Buenaventura

El viaje desde Cali a Buenaventura no durará más de cuatro horas, estando allí, en el mismo terminal encontrarás varias empresas de transporte en lancha hasta las playas más conocidas como Juanchaco, Ladrilleros y La Barra. Ésta última fue mi destino final, suele ser una de las más retiradas pero hay playas más lejanas y de difícil acceso en donde por constituir terrenos vírgenes se debe hacer una gestión con los dueños del lugar para entrar y quedarse a dormir, como es el caso de la playa Juan De Dios, un paraíso perdido que me han recomendado mucho y que espero conocer muy pronto. Por ahora centrémonos en llegar a La Barra.

Una vez comprado el tiquete de ida y vuelta en lancha, el cual tiene un costo de máximo $80.000, debes ir al muelle en donde los diferentes gestores se encargan de embarcarte.

El recorrido del puerto de Buenaventura a Juanchaco, la primera playa de este gran complejo marítimo, es de una hora apróximadamente. Estando allí contarás con varias opciones para llegar al lugar de estadía: lancha, moto, moto-carro o a pie.

Como yo iba ligera de recursos monetarios simplemente decidí caminar, fueron 40 o 50 minutos a pleno sol que me dejaron agotada por una fuerte gripa que justo ahí empezaba, pero que me hizo conocer el lugar como pocos, guardando cada cara en mi cabeza y cada casita en mi corazón.

La sal del mar se respira a cada paso y la arquitectura costera se manifiesta al adentrarse más en la zona. Si bien el lugar recuerda mucho a la gris y ecléctica Buenaventura, en estas playas el sabor costero se manifiesta en un sin fin de colores que llenan de felicidad cualquier corazón recién llegado.

Llegada a La Barra

Cuando se está llegando a La Barra, parece que se estuviera por descubrir un pequeño paraíso perdido en el misterio de las olas y así exactamente es todo su entorno.

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Lo primero que conocí fue el famoso restaurante de Oralia, un lugar delicioso al frente de la playa en donde hay que comer si o si por lo menos una vez en todo el tiempo que dure la estadía allí.

Seguimos caminando y a unas pocas casas llegamos a nuestro hostel: Casa Majagua. Un lugar construido tradicionalmente en madera, con habitaciones amplias y cómodas que se sintieron como el hogar durante nuestro tiempo allí.

Pese a mi gripa horrible, no me aguanté y obviamente me fui de una para la playa. ¡Que mar tan hermoso me encontré! Tranquilo, verde esmeralda y sanador. El mismo que hace unos años se llevó gran parte del pueblo, dejando sin más opción a su gente que construir sus casas de nuevo y empezar de cero con todos sus negocios turísticos.

El mar se llevó las casas, pero no pudo con el alma de este pueblito escondido en el Pacífico colombiano. Donde su gente se enaltece de su servicio al turista brindándoles calor de hogar como solo ellos saben dar.

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Es algo que sentí sobre todo en la gastronomía, cada plato que me comí allí estuvo hecho con amor porque se notó. Conocí gran variedad de pescados que no había probado nunca, preparados de la mejor forma. Otro de los lugares para comer que recomiendo en La Barra es donde Ola, sencillamente delicioso.

Esta foto de la cazuela de mariscos de Ola se la robé a mi amigo Sebastián para que se antojen:

Adentrándonos en los manglares del Pacífico

Uno de los recorridos imperdibles en La Barra, es el tour en canoa por los manglares, un lugar lleno de misterio y naturaleza virgen que en definitiva vale mucho la pena conocer. Muchos lugareños pueden guiarlos en este recorrido. Tomé muchas fotos lindas:

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Pese a mi gripa, pude disfrutar como nadie los días que dormí bajo la luna del Pacífico. Me llevé el amor de su cálido mar, me quedé con su sabor a pescado frito y me empaqué en la maleta el calor de su gente. Nos vemos pronto nuevamente Pacífico, esperame.

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4 comments on “Pacífico colombiano: Paraíso de tranquilidad y misterio”

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