La cuarentena que se vive en la mayor parte del mundo está diseñada para protegernos y bajar la curva de contagios de COVID-19 a nivel local. Pero después de casi 30 días de estar encerrados en nuestras casas, ¿no sienten que están dormidos?

La pandemia nos ha obligado a vivir una rutina que nos hace presos, nos despertamos, vamos al computador para trabajar (los que pueden, los que no tendrán su serie favorita a tope) luego vemos noticias, dormimos y volvemos a despertar en una nebulosa, día tras día.

Estamos en un coma pandémico que nos ha dormido para no pensar en lo que pasa en el mundo exterior. Pero, ¿por qué vamos a pensar en algo más? ya es suficiente con las deudas, el estrés del home office y las historias de muertos en aumento por COVID-19 en todo el mundo. Pues bien, lo cierto es que hoy más que nunca debemos estar despiertos, el planeta está cambiando y nosotros vamos a bordo.

Se trata de no temerle a la realidad y encontrar en ella el camino. Y no voy a profundizar aquí en una teoría conspirativa, como la que me encontré navegando por la web el otro día, donde aseguraban que los extraterrestres por fín se están manifestando y que por eso nos han metido a todos en las casas, para que así no nos enteremos de lo que pasa en el cielo.

Pero lo grave, es que sean o no sean alienígenas, hay fuerzas políticas y socioeconómicas que sí están haciendo de las suyas en Colombia mientras todos nosotros estamos en la casa, dormitando y haciéndole caso a todo el contenido que ronda en redes sociales, con infinidad de consejos para ocupar el tiempo en cuarentena. Manualidades, jardinería, ejercicio, yoga, meditación, son solo algunas de las actividades que nos recomiendan hacer hoy más que nunca; pero ojo, no digo que meditar no sea una buena práctica, o que hacer ejercicio no nos va a hacer bien, en estos momentos en que solo movemos las piernas para ir a la cocina; no, digo que todo este estallido de contenido en social media solo contribuye a que distraigamos la mente de lo realmente importante: cuidarnos en medio de la pandemia y no olvidar que vivimos en un país dominado por fuerzas corruptas que por supuesto están aprovechando muy bien la crisis mundial para llevarse su tajada.

No podemos olvidar que hay humanos allá afuera que no cuentan con la misma suerte que nosotros de tener un techo y la nevera llena. Y no podemos mantener la vista gorda mientras la injusticia florece. Hoy más que nunca debemos estar activos, pendientes y con los ojos abiertos.

Por eso he recopilado en este artículo cinco cosas graves que pasan ahora mismo en nuestro país y que los grandes medios parecen ignoran como si nada, finalmente siempre han sido ellos los que nos han inducido al coma.

1. Los desalojados de los ‘pagadiarios’ en Bogotá y todo Colombia

Si alguno de ustedes me está leyendo desde otra ciudad de Colombia, le cuento que un ‘pagadiario’ es algo así como una vecindad en donde se paga el arriendo al día. Sí, esas historias que nos cuentan las personas que se suben al transporte público a vender cosas o pedir plata para conseguir la renta diaria de una habitación, son ciertas.

Seguro todos han visto ya esta noticia de manera superficial en los diferentes medios del país. Y es que parece que ese problemita todos lo quieren meter bajo la alfombra, así como cuando uno barre y le da pereza recoger el desorden. Son cientos de personas que en este momento no pueden salir a reciclar, vender dulces en los buses o hacerse lo del día con jugos de naranja y que no tienen cómo pagar un techo o comprar lo necesario para alimentarse.

¿Qué están haciendo las entidades públicas? Sí, el Gobierno Nacional anunció una serie de ayudas para esta población, en especial para los migrantes venezolanos que están viviendo en la calle, según el sistema de información de Instituto Colombiano de Bienestar Familia casi 60.000 niños venezolanos y más de 3.300 madres gestantes reciben asistencia alimentaria directa y se están gestionando la entrega de 200.000 mercados que se repartirán en 40 municipios del país, ya que esta situación no solo se vive en Bogotá sino en todo Colombia.

El drama de los migrantes no acaba allí, hoy Li Saument, cantante de Bomba Estéreo, residente en Palomino, Guajira, publicó en sus stories de Instagram una denuncia de un ciudadano de la zona que mostraba a un centenar de migrantes a quienes según él , un camión de Migración Colombia los dejó allí a la espera. Como este grupo, son muchos más los que en este momento caminan por todo el país para llegar a Venezuela, sin comida ni medicamentos.

La comunidad indígena Embera, quienes también fueron víctimas de desalojos, fueron ubicados en albergues por la Secretaría de Gobierno de Bogotá y atendidos por la Cruz Roja.

Comunidad Embera en el barrio Santa Fé de Bogotá. Foto: akubadaura.org

Esta bien, la ayuda va en camino; pero la gravedad del asunto no es si les damos o no ayuda a esta población vulnerable. Sino, la venda que se nos quitó a la fuerza y que nos deja ver la luz de una problemática que el Presidente Duque ha ignorado cínicamente durante todo su Gobierno: Según el DANE el 47,2% de la población colombiana vive en la informalidad laboral. Casi la mitad de las personas residentes en nuestro país no cuentan con un contrato laboral y viven del rebusque.

Y no me vengan con que, es por los venezolanos que no dejan de llegar al país. No, frente a esto hay un problema de fondo que el Gobierno quiere tratar con una política pública que está diseñada para las clases altas y medias, no para el reciclador que no tiene un peso para meterse a internet a buscar trabajo o postularse a un incentivo para formar una empresa. Lean más sobre estas políticas mediocres aquí: ¿En qué consiste la nueva política pública de empleo del Gobierno nacional?

No se puede esperar nada más de un Gobierno elegido para mantener las fuerzas del poder en el poder; pero sin duda el COVID-19 les estalló en la cara, con este y otros problemas que hoy más que nunca hacen sangrar al país.

2. La corrupción con los recursos para la crisis del COVID-19

Anoche cuando veía Caracol Noticias, una nota pasó fugazmente pero se quedó en mi mente con tristeza: una funcionaria pública en la costa devolvió los $200.000 que le consignaron del bono solidario, que está dando el Gobierno Nacional a la población más vulnerable del país. Un acto honrado pero que nos deja ver la facilidad con la que se hace corrupción en este país, entran 200 millones de pesos del Banco Mundial y otros dineros destinados para combatir la crisis de la pandemia y a la semana las fuerzas del poder ya están moviendo sus hilos para desviar la plata y quedarse con una porción de la gran torta.

Y es que claro, parece que los corruptos del país vivieran una navidad anticipada, adjudicándose contratos para suplir las necesidades de alimentación y salud en todo el país.

Citemos solo algunos de los fraudes que se han denunciado desde que se liberaron las ayudas humanitarias en el país:

Las cédulas falsas y de fallecidos que figuraban en la base de datos del programa Ingreso Solidario, un programa que busca dar bonos de ayuda a la población vulnerable. Fraude del cual solo el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP) Luis Alberto Rodríguez ha dicho que: “El buscador de cédulas del programa ingreso solidario presentó una anomalía que está siendo superada. Y, resaltando que, la entrega de los 160.000.00 pesos se ha realizado a un total de 1.194.608 personas bancarizadas” ¡No seamos tan maricas! Diría mi padre al ver la claridad del engaño, tan puro como el agua.

Por otro lado, en departamentos como el Meta, Cauca y César los contralores están en alerta, ya que se han presentado casos como el de Acacías, donde se celebró un contrato de 5.000 mercados por un valor de $100’000.000 de pesos, con dudosos sobre costos en la compra de papel higiénico, crema dental y arroz, según la contraloría de este departamento.

Foto: Gobernación Norte de Santander/Semana

Como si fuera poco, en Antioquia se firmó un contrato de $272 millones para hacer un plan medios de comunicación del COVID-19, en Tolima también parecen darle mucha importancia a la comunicación celebrando un contrato de $1.020 millones para campañas y en Cúcuta el valor de la historia del Hospital Erasmo Meoz prevalece en momentos de crisis, con un pago de $58 millones por un libro digital. No se ustedes pero a mí, todo esto me huele a cloaca putrefacta.

3. La crisis medioambiental que no hace pausas

Otra de las víctimas del coma pandémico en el que está la sociedad mundial es por supuesto el medio ambiente. Según Greenpeace, son muchos los beneficios que le ha traído al mundo el encierro de los humanos, pero no por esto, los atentados contra la naturaleza han cesado.

En medio de la pandemia, el Gobierno colombiano sigue defendiendo las fumigaciones con glifosato para la erradicación de cultivos ilícitos y no ha dado su brazo a torcer con el presupuesto de 72 millones de pesos por hectárea, ojo ahí, POR HECTÁREA, que tiene destinados a la reactivación de la fumigaciones y que en este momento según el medio independiente Pacifista, se realizan de forma ilegal en el municipio de Apartadó, Antioquia.

Foto por El Espectador

Sí, son miles de millones de pesos los que el Gobierno colombiano planea destinar a la fumigación con glifosato y que hoy en medio de la crisis humanitaria, económica y social más grande de los últimos 100 años, es un absurdo triste y doliente.

Este veneno es tan nocivo que la Agencia Internacional Para El Estudio Del Cáncer, máxima autoridad científica en oncología del mundo, lo clasificó como probablemente cancerígeno en 2015, además de confirmar las graves consecuencias que este químico voraz tiene en el suelo y la fauna terrestre y fluvial.

El cuento se cuenta solo.

Por otro lado, en la ciénaga del Magdalena mueren millones de peces debido a los bajos niveles de agua, pero no debemos olvidar que a finales de febrero de este año, se conoció una denuncia ciudadana que acusaba a la empresa cementera Argos de arrojar residuos contaminantes al Río Magdalena.

Y es que el medio ambiente no da tregua, en la Sierra Nevada de Santa Marta, en la frontera con Venezuela y en el Amazonas, se presentan grandes incendios que agravan la calidad del aire y por supuesto contribuyen al deterioro de la vida natural en esas zonas.

La Secretaria de Ambiente de Bogotá, Carolina Urrutia ha dicho que es vital mejorar la calidad del aire porque esto también se relaciona con afectaciones a la salud, principalmente a nivel respiratorio. Y no necesitamos más de eso en este momento.

El caso más grave lo vive Cúcuta, en donde la bruma de aire contaminado no deja vivir tranquilos a sus habitantes.

Cúcuta por estos días. Foto de La FM

En Amazonas, según la organización Corpoamazonia, son delincuentes los que se encuentran detrás de los incendios.

4. La falta de recursos para la protección y garantías del sector médico

Lo que faltaba, a nuestros médicos no les llega la protección necesaria para ejercer su trabajo en el frente de lucha contra el coronavirus y muchos de ellos protestan frente a la falta de garantías para ejercer dignamente su trabajo heroico.

Por estos días, un conclomerado de personas trabajadoras del sector salud, organizó un plantón que se esparció por todo el país, reclamando por insumos médicos, pero también por conidiciones dignas para hacer su trabajo ya que gran parte del gremio está contratado bajo la figura terrorifícia del contrato por prestación de servicios y muchos de los que protestan lo hacen porque les deben salarios de hasta cinco meses.

Vaya y pregúntele a su amigo médico sobre está situación y le dirá que este problema no es de ahora sino de siempre, pero que hoy con la crisis sanitaria que vive la humanidad, se hace urgente responder.

5. La sobresaturación de los medios de comunicación para mantenernos en el coma pandémico

Hace unos días vi el último video de La Pulla antes de que se fueran a sus repentinas vacaciones y en el que decían que la cuarentena no es un paseo, sino que es un momento crítico en el que debemos protegernos.

Es vital que entendamos esto, porque parece que las marcas y los medios de comunicación han aprovechado el aumento del consumo en redes sociales, para embutirnos todo el contenido que se les pase por la mente con tal de vendernos la idea de que «debemos aprovechar este tiempo extra en la casa» ¿de qué me hablas viejo?

Cuál tiempo extra, si me la paso pensando que hay un puto virus allá afuera que está matando miles de personas diariamente en todo el mundo. Ya es suficiente presión esa, más todas las cosas de gravedad que les estoy contando, como para ahora convertirme en instructora de Yoga para «aprovechar la cuarentena».

No podemos hacernos los ciegos sobre ocupando nuestras mentes, porque el mundo vive el cambio inminente que se avecinaba hace varios años. Si es verdad que el COVID-19 se originó por el tráfico de especies animales, que pasaron el virus a los humanos, o si es una conspiración de las fuerzas del poder para darnos tatequieto a los que protestamos; sea lo que sea, esto significa un punto de inflexión que marca un antes y un después en la historia de la humanidad.

Mantenernos en el aquí y el ahora es la única herramienta para ver en esta crisis una oportunidad inmensa para nuestra reinvención como sociedad y como personas. Démosle una oportunidad al cambio, tal vez eso sea lo que quiere el mundo para nosotros humano malagradecidos, tal vez esta sea la coincidencia que estábamos esperando para salvar al mundo de una vez por todas.

Dejemos que tenerle miedo a las noticias, a su investigación y a lo que pasa en nuestro mundo externo, solo conociendo la verdad de lo que nos rodea podremos ser libres para cambiar nuestras realidad como humanos individuales y sociales.

Fuentes:

Polémica en Colombia por el desalojo de familias en medio del aislamiento preventivo.
Colombia amplía medidas para venezolanos, pero pide apoyo internacional por pandemia
Glifosato: la adicción sin tregua del gobierno colombiano
Ni el confinamiento frenó la mala calidad del aire y los incendios forestales
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